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lunes, 2 de enero de 2012

Patricia May: Una mente infinita



Patricia May es, ante todo, una pensadora. Antropologa Chilena, docente de universidades, conferencista, columnista, escritora, madre, esposa, hija, hermana. En síntesis, es una mujer que ha desarrollado su vida al servicio del conocimiento del hombre, y de paso, de su propia esencia. Ella nació dueña de una enfermedad llamada Acondroplasia, muy relacionada con el enanismo. 
Su historia, su vida, sus estudios, y por sobre todo su capacidad para salir adelante, es lo que mas anima a escribir a cerca de ella, y del como, a pesar de tener todo en contra, de sufrir la discriminación, del dolor físico, supo encontrar el camino hacia la realización personal, mejor dicho, hacia su propia felicidad. 

Sus títulos mas relevantes son "Todos los reinos palpitan en ti", "De la cultura del ego a la cultura del alma".

En ellos habla, principalmente, del como el alma es el centro de la conciencia humana, y del como saber nutrirla va a depender el sentido que le ofrecemos a nuestra existencia.

Para May, lo que define el destino del mundo son las personas, ya que en el fondo, son las propias personas las que eligen el poder de las autoridades. Las autoridades son el reflejo de la conciencia del hombre, y es por ello que los cambios individuales y grupales a nivel de lo común son vitales en las grandes decisiones que tomamos como humanidad.
Si hablamos del egoísmo, por ejemplo, ella plantea que es un fenómeno personal y nacional. La mirada centralizada en el uno, el sentir la superioridad y vivir por medio de la manipulación, es una característica personal que cada uno tiene que lidiar, en fin, todo el proceso egocéntrico que implica la naturaleza humana.

Si cada uno tuviese una vida que tienda a considerar el bien de otros, la entrega, y una conciencia no acumuladora y solamente disfrutar de manera personal, y que pueda dar, repartir y compartir, a nivel micro es capaz de cambiar la humanidad completa. 

viernes, 7 de octubre de 2011

Marta Brunet

Marta Brunet

Nació en Chillán, aunque gran parte de su niñez y período de formación lo pasó en Victoria. Ya a los 7 años de edad escribía pequeñas piezas de teatro, las que representaba ante un singular público: su perro, el gato y sus muñecas.

Toda su educación la realizó en colegios católicos, pero a los diez años debió abandonar el país para realizar un largo viaje por Europa, donde adquirió valiosos conocimientos y se empapó de cultura.





Su novela "Montaña Adentro" causó gran sensación en el mundo literario. Después de este primer libro surgieron otros grandes títulos como “Bestia Dañina”, “Bienvenido”, “María Rosa”, “Aguas Abajo”, “Reloj de Sol”, entre otros.

En Santiago fue nombrada directora de Familia, revista editada por Zigzag. Posteriormente fue presidenta del Instituto de Periodistas, directora de la Sociedad de Escritores, del Pen Club y de la Alianza de Intelectuales.



Marta Brunet murió inesperadamente en Montevideo, Uruguay.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Antonio Skármeta

Antonio Skármeta debe ser parte, junto a un reducido puñado de autores como Isabel Allende y Roberto Bolaño entre otros, del exclusivo grupo de narradores chilenos que han logrado con su obra alcanzar el reconocimiento internacional, tanto a nivel de crítica y premios como en términos de lectores, por lo que ha sido objeto de diversos estudios.

Nacido en Antofagasta, Skármeta puede ser enmarcado en la llamada generación de 1960, junto a autores como Poli Délano, Fernando Jerez, Carlos Olivárez, Jaime Hagel y Mauricio Wacquez en la prosa, y Gonzalo Millán, Floridor Pérez, Claudio Bertoni y Óscar Hahn entre los poetas. Como casi todos ellos, vivió intensamente la agitación social, política y cultural de esa década, sumándose durante el gobierno de la Unidad Popular al Movimiento de Acción Popular Unitaria (MAPU) y a diversas iniciativas culturales y sociales, desde la Reforma Universitaria hasta la revista La Quinta Rueda. De estos años son sus primeras incursiones en la literatura, con la publicación de sus colecciones de cuentos El entusiasmo (1967), Desnudo en el tejado (1969) y Tiro libre (1973), así como sus primeros éxitos, expresados en premios como el entregado por la Casa de las Américas de Cuba.



Tras el Golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende, Antonio Skármeta decidió partir al exilio, donde continuó y ensanchó los horizontes de su actividad literaria. Allí se unió al nutrido grupo de artistas e intelectuales chilenos que trabajaron en tareas de solidaridad y que dieron forma a una rica experiencia cultural y literaria desde el destierro, de la cual formaron parte revistas como Araucaria de Chile, de la cual Skármeta fue constante colaborador. Radicado principalmente en Alemania Occidental, Antonio Skármeta asentó y profundizó su relación con el cine, una de sus mayores pasiones, realizando diversos guiones y películas, entre ellas Ardiente paciencia, y adaptando gran cantidad de obras suyas al séptimo arte, siendo particularmente fructífera su colaboración con el cineasta alemán Peter Lilienthal, con quien ya había trabajado en 1972. De su período en el exilio son sus primeras incursiones en la novela, así como algunas de sus obras más conocidas en Chile y el extranjero como Soñé que la nieve ardía (1975), No pasó nada (1980), La insurrección (1982) y Ardiente paciencia (1985).



Tras el plebiscito de 1988 Skármeta decidió volver a Chile, dedicándose durante años a escribir artículos y columnas en diversas revistas y publicaciones periódicas, tocando temas que iban desde críticas de teatro hasta columnas futbolísticas. En la década de 1990, Antonio Skármeta fundó el taller literario “Heinrich Böll” en el Instituto Goethe, por donde pasaron muchos de los narradores jóvenes que hoy están en primera línea. También llevó a la práctica la idea de crear y conducir un espacio cultural y literario en la televisión de esos años de transición, dando vida al “Show de los libros”; programa que junto con recibir diversos premios nacionales y mantenerse por una década en pantalla, llegó a ser exportado a países de América Latina y Europa. Durante el gobierno del Presidente Ricardo Lagos, Skármeta se desempeñó como embajador en Alemania, continuando su labor literaria con títulos como La chica del trombón (2001) y El baile de la victoria (2003), que obtuvo el Premio Planeta de Novela.

Copyright 2004© MEMORIA CHILENA ®.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Pedro Lemebel

Pedro Lemebel es seguramente el único escritor chileno que se maquilla y usa zapatos de taco alto, al menos en público. Maquillaje y tacones son parte de la propuesta contestataria de este escritor, que de ser un niño pobre criado a orillas de un basural y un artista travestido que usaba la provocación como herramienta de denuncia política, pasó a ser uno de los autores chilenos más comentados y exitosos de las últimas décadas.

Pedro Mardones Lemebel, hijo de Pedro y Violeta, nació en 1955, literalmente en la orilla del Zanjón de La Aguada. Vivió en medio del barro hasta que, a mediados de la década siguiente, su familia se mudó a un conjunto de viviendas sociales en avenida Departamental. En ese medio, en el cual los niños tenían limitado acceso a la educación, ingresó a un liceo industrial donde se enseñaba forja de metal y mueblería y, posteriormente, cursó estudios en la Universidad de Chile, de donde egresó con un título de profesor de Artes Plásticas.





Sus primeros acercamientos sistemáticos a la literatura ocurrieron en un taller literario a comienzos de los ochenta, donde empezó a escribir cuentos. También participó en algunos concursos menores, como el organizado por la Caja de Compensación Javiera Carrera, donde obtuvo un premio por su cuento “Porque el tiempo está cerca”, publicado en una antología de 1983. El autor tenía entonces 26 años y trabajaba como profesor de Artes Plásticas en dos liceos, de los cuales fue despedido ese mismo año, presumiblemente por su apariencia, ya que no hacía mucho esfuerzo por disimular su homosexualidad. Después de esa experiencia no volvió a hacer clases y decidió concentrarse en los talleres de escritura. Allí fue forjando redes intelectuales, políticas y afectivas, principalmente con escritoras feministas y de izquierda como Pía Barros, Raquel Olea, Diamela Eltit y Nelly Richard, quienes lo acogieron y vincularon a instituciones que estaban a medio camino entre la cultura marginal de resistencia a la dictadura y la academia oficial. 


Sin embargo, su inserción en las filas de la militancia de izquierda fue problemática, ya que su homosexualidad tampoco fue bien recibida en ese círculo. La primera vez que usó sus famosos tacones fue en 1986, en una reunión de los partidos de izquierda en la Estación Mapocho, donde el escritor leyó su manifiesto “Hablo por mi diferencia”, ante una audiencia perpleja. Ese mismo año, Pedro participó con siete relatos suyos en la antología Incontables, editada por el taller de Pía Barros.




En algún momento indeterminado de aquellos años revueltos, la vida artística de Pedro Mardones Lemebel tomó un giro sorprendente. Pasó del anonimato literario a la performance artística, al formar junto al poeta Francisco Casas el dúo “Las Yeguas del Apocalipsis”, que se caracterizó por irrumpir de manera sorpresiva y provocadora en lanzamientos de libros y exposiciones de arte, transformándose a poco andar en un mito de la contracultura. Para esa misma época, Pedro adoptó exclusivamente su apellido materno, dejando atrás el nombre con el que había firmado sus primeros trabajos literarios. De este modo fue dejando atrás al personaje teatral, para consolidarse definitivamente como escritor.


En 1995 Lemebel publicó su primera colección de crónicas, La esquina es mi corazón y al año siguiente creó un programa en Radio Tierra, llamado “Cancionero”, donde leía crónicas ambientadas con sonidos y música incidental. A partir de entonces comenzó a convertirse en un cronista urbano que husmeaba por los pliegues más oscuros de la vida cotidiana chilena. En los años siguientes publicó Loco afán y De Perlas y cicatrices, nuevas recopilaciones de crónicas en las que se fue afianzando su singular voz literaria, que mezclaba lo barroco y lo marginal en un tono de provocación y resentimiento.

Hacia fines de la década de los noventa, Lemebel -que ya era un personaje popular- se consolidó como figura literaria en el ambiente local y emprendió su proyección internacional. En el año 2001 incursionó en la novela con Tengo miedo torero, volumen que permaneció durante más de un año entre los libros más vendidos en el país, además de ser traducido a diversos idiomas. Posteriormente, Lemebel ha continuado desarrollando su labor de cronista publicando nuevos títulos de crónicas como Zanjón de la Aguada y Adiós mariquita linda.




Copyright 2004© MEMORIA CHILENA ®.